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NO LE PREGUNTES A JACK

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Mensaje por Espantapajaros (Dr Crane) el Sáb 28 Jun 2014 - 23:29

NADIE sabía de dónde había salido aquel juguete, ni quién sería el
bisabuelo o tía lejana que había jugado con él por primera vez,
antes de pasar a formar parte del paisaje del cuarto de juegos.
Era una caja de madera, tallada con adornos dorados y rojos. Sin
duda, era muy bonita, o eso decían los mayores, y bastante valiosa
—incluso podría considerarse una pieza de anticuario—. Por
desgracia, la cerradura estaba oxidada y atascada, y la llave se
había perdido hacía tiempo, de modo que Jack, el bufón, había
quedado atrapado dentro. Aun así, la caja sorpresa llamaba la
atención, con sus vistosos adornos tallados en rojo y oro.
Los niños no solían jugar con ella. Estaba guardada en el fondo del
inmenso baúl de madera donde se guardaban los juguetes, que era
tan grande y antiguo como un cofre pirata —o al menos eso
pensaban los pequeños—. La caja de sorpresa estaba enterrada
bajo un montón de muñecas, trenes, payasos, estrellas de papel,
viejos juegos de magia y mutiladas marionetas cuyos hilos eran ya
imposibles de desenredar, disfraces (un harapiento vestido de novia
del tiempo de Maricastaña por aquí, un raído sombrero de copa por
allá), bisutería de juguete, aros rotos, peonzas y caballitos de
cartón. Debajo de todos aquellos viejos juguetes estaba la caja de
Jack.
Los niños no solían jugar con ella. Murmuraban entre ellos, a solas,
en el cuarto de juegos situado en el ático. En los días grises, cuando
el viento aullaba en torno a la casa y la lluvia repiqueteaba sobre el
tejado de pizarra y se deslizaba por los aleros, se contaban unos a
otros historias sobre Jack, aunque en realidad no lo habían visto
nunca. Uno afirmaba que Jack era un malvado brujo y que había
sido encerrado en aquella caja como castigo por sus espantosos
crímenes; otro (con seguridad, una de las niñas) aseguraba que la
caja en la que estaba encerrado Jack era la Caja de Pandora y que
la habían colocado allí para vigilar, para evitar que todos los males
que contenía volvieran a salir de ella. Preferían no tocar siquiera la
caja, si podían evitarlo, aunque si algún adulto reparaba en la
ausencia de la vieja caja sorpresa —y de vez en cuando sucedía—,
y la sacaba del baúl para colocarla en la repisa de la chimenea, los
niños se armaban de valor, la cogían y volvían a depositarla en el
fondo del baúl.
Los niños no solían jugar con la caja sorpresa. Y cuando se hicieron
mayores y abandonaron la vieja casa, el cuarto de juegos quedó
cerrado y prácticamente olvidado.
Prácticamente, pero no del todo. Pues todos los niños, cada uno por
separado, tenían recuerdos de haber subido alguna vez al cuarto
de juego a mitad de la noche, a la luz de la luna llena, con los pies
descalzos. Era casi como andar sonámbulo, subiendo sigilosamente
por las escaleras y avanzando por la raída alfombra del cuarto de
juegos. Recordaban cómo habían abierto el baúl, rebuscando por
entre las muñecas y los disfraces para, finalmente, sacar la caja
sorpresa.
Entonces, el niño tocaba la cerradura, la tapa se abría lentamente y
la música comenzaba a sonar, con Jack saliendo de su caja. No
saltaba o se balanceaba, como suele pasar con los muñecos de las
cajas sorpresa. Salía de la caja despacio y se quedaba mirando
fijamente al niño, haciéndole señas para que se acercara un poco
más y, entonces, y solo entonces, sonreía.
Y allí, a la luz de la luna, le contaba al niño cosas que después era
incapaz de recordar con claridad, pero que tampoco conseguía
olvidar del todo.
El mayor de los niños murió en la Primera Guerra Mundial. El más
joven heredó la casa cuando fallecieron sus padres, aunque lo
desposeyeron de ella tras sorprenderle en el sótano con un bidón
de queroseno, trapos y cerillas, dispuesto a prenderle fuego. Se lo
llevaron a un manicomio y es posible que aún siga allí encerrado.
Las niñas, convertidas ya en mujeres, no quisieron regresar a la
casa en la que se habían criado; clavaron tablas de madera en las
ventanas, cerraron todas las puertas con una inmensa llave de
hierro. Las hermanas terminaron visitándola con la misma
frecuencia con la que visitaban la tumba de su hermano mayor, o
al pobre desgraciado que una vez fuera su hermano pequeño; es
decir, nunca.
Han pasado ya muchos años y aquellas niñas son ya mujeres
ancianas. Búhos y murciélagos se han adueñado del antiguo cuarto
de juegos, las ratas han anidado entre los viejos juguetes que
quedaron allí olvidados. Las alimañas miran sin ver los desvaídos
dibujos del empapelado, y ensucian la harapienta alfombra con sus
excrementos.
Y en la caja que descansa en el fondo del baúl, Jack con todos sus
secretos, espera y sonríe. Espera a los niños.
Y esperará todo el tiempo que sea necesario.
Espantapajaros (Dr Crane)
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Mensaje por Ike el Vie 11 Jul 2014 - 23:04

Qué decía jack? como morían o algo así, buena creppy , +REP


Fics terminados
Death Yoshi Island
https://www.yoshifansclub.com/t9824-death-yoshi-island
El 98% de los adolescentes, lamentablemente fuman o lo han probado alguna vez. Si tu eres ese pequeño 2% de los que no fuman ni lo han probado, copia y pega ésto en tu firma
Ike
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NO LE PREGUNTES A JACK Empty Re: NO LE PREGUNTES A JACK

Mensaje por Espantapajaros (Dr Crane) el Sáb 12 Jul 2014 - 15:00

si, supone que estaba maldito, por eso nadie se acercaba


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